Comer (muy) bien en Praga

Cuando uno viaja a Praga, además de por ser una ciudad para visitar por su belleza, uno se hace a la idea de que la cerveza estará muy presente. Pero uno no sabe muy bien qué comerá allí, si tienen una comida tradicional interesante y si va a tener que alimentarse de fastfood o del primer restaurante por el que pase cuando le entre el apetito. Como todo país del este que se preste, los platos tradicionales (aunque no al 100%) son calóricos y muy sabrosos, y cómo no, el dulce por excelencia también está presente.

Partiendo de entrada que 1€ está en torno a las 25 coronas checas, todo parece más barato (o eso creemos). Nada más lejos de la realidad, estamos en una ciudad turística, y como es normal, todo tiene precio “guiri”, ahora bien, las raciones son más que generosas.

Para empezar a calentar motores, qué mejor que con una cata de cervezas. En Fat Cat se pueden saborear 6 tipos distinto de cervezas checas. La típica lager, una de cerezas, lager negra o la propia de la casa son algunas de ellas. No está nada mal para ir abriendo boca.

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Como de cerveza solo uno no se alimenta, qué mejor que probar deliciosos platos típicos de la República Checa en la cervecería más antigua de la capital: U Fleku. Está cervecería fabrica su propia cerveza y es la única que se puede consumir. Cerveza negra muy ligera y que hará que los camareros que van pasando de tanto en tanto por las mesas cargados de jarras sean tus mejores amigos.

Además de su cerveza, U Fleku dispone de comida tradicional, platos típicos que bien podrían estar en cualquier carta de un restaurante húngaro o alemán. Quizá el más típico es el Goulash, un estofado de carne, que a diferencia del húngaro podría ser de cualquier tipo de carne y no solo ternera. Además del Goulash, el pato, cerdo o pollo asados son algo muy tradicional en la Europa central.

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Pero quizá el mejor Goulash sería el que se sirve como lo hace el restaurante  U Glaubicu. En este restaurante, que se sitúa en la zona del castillo, sirve el Goulash dentro de una masa de pan, con lo que lo impregna de la salsa y le deja un sabor que hace que seas capaz de devorarlo totalmente. Sin duda, uno no puede marchar de Praga sin probar este delicioso plato. Destacar que toda la carta tiene una pinta magnifica, costillas de cerdo incluidas, pero podríamos decir que el pato no fue su punto fuerte.

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Y como la gastronomía húngara está muy presente en Praga, no podemos olvidarnos de los postres. El Trdelník es un dulce hecho con masa harina y huevo, al sabor muy parecida a la de los churros, pero que cocina con brasas, y que se rellena por dentro con lo que más apetezca en el momento en el que se compra. Pese a ser un dulce originariamente húngaro, ha invadido el centro de Praga y será muy difícil resistirse a probar uno de estos manjares. Ya se sabe, nunca es mal momento para un dulce.

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Por lo tanto, en Praga, pese a no tener un plato 100% originario de allí, han sabido adaptarlos y hacérselos también un poco suyos. No solo de cerveza se puede vivir.

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